La conciencia multinivel

Aunque somos muchas cosas diferentes al mismo tiempo, nos decimos que tenemos que ser algo en concreto que nos defina con claridad, pues en otro caso nos creemos incongruentes.

Ser todo a la vez suena extraño, sin duda, por eso el yo prefiere hablarnos de evolución, como si tuviéramos que llegar desde donde estamos a algún sitio que no estuviera ya en nosotros desde el origen. Pretende con ello prevalecer con sus mandatos y autorrelatos limitantes, silenciando que somos complejidad y pluralidad simultánea de estados diversos, miradas infinitas, contradicciones esclarecedoras y multiplicidad de conciencias en danza. Magia y proceso.

Todo a la vez y siempre a la vez.

Sentimos e interpretamos las mismas cosas de forma discordante no porque hagamos algo mal, sino porque hay muchas conciencias en nosotros que las miran. Es normal, solo hace falta reconocerlo con naturalidad y dejar de tratarse mal por ello. Es el multinivel.

No es verdad que evolucionemos de una conciencia a otra. Somos en diversas dimensiones, en un multiverso interior. Eso es lo que plasmamos y exploramos en lo que llamamos Fractales de Astrología Explorativa, donde cada fractal representa uno de esos niveles.

El objetivo es simple: aceptar esa complejidad infinita y tratar de prevalecer en una frecuencia alta y expandida, no en otra inferior manipulativa, autoviolenta y limitante en la que el yo insiste en su ilusión de omnipotencia.

Fractal primero: preconciencia y conciencia interpretativa del yo.

Fractal segundo: conciencia del ser superior interior.

Fractal tercero: conciencia espiritual.

En el Fractal Primero nos movemos en el plano del yo, un marco en el que, a través de la apropiación de la información de los arquetipos y de la distorsión identitaria de la energía primordial, nos definimos en lo que creemos ser con base en “seis personalidades” principales, que evocan las “seis hierbas” de las que habló Edward Bach. Cada una de ellas viene representada en un factor astral:

Personalidades primarias:

– La instrucción lunar afectiva (asociada al signo zodiacal de ubicación de nuestra Luna en el momento del nacimiento). Un mandato primario que repetimos mecánicamente y nos impide expresarnos con naturalidad en las relaciones.

– La instrucción solar de afirmación y validación exterior (asociada al signo del Sol en nuestra carta). Un mandato primario que repetimos mecánicamente y nos lleva a ser ante los otros algo que no somos, que esconde la verdadera autoexpresión.

Personalidades de sombra:

– La instrucción lilithiana. Representa la represión de nuestra libertad más íntima, poderosa e irreverente. Es la personalidad que nos impide elegir lo transpersonal que nos convoca, la que silencia lo que es la verdadera libertad, la que obstruye la fuerza y la pulsión más inmensa que nos habita para ese fin que nos conduce al destino.

– La instrucción plutoniana. Un apego de seguridad que nos aferra a cosas, ideas, patrones y seres, que es destructivo si es preciso y que el yo destina a encubrir en la sombra la propuesta del verdadero conocimiento, de la fe que nos guía a una conciencia objetiva que trasciende el psiquismo.

Personalidades de encubrimiento espiritual:

– La instrucción karmática. El yo silenciando que somos luz en curso, participantes de la complejidad cósmica, y convirtiendo esa llamada preciosa en algo que nos encadena y encarcela en una falsa deuda de compensación.

– La instrucción quironiana. El yo haciéndonos sentir una herida incurable para silenciar la luz que abre el dolor, la liberación que nace cuando cesamos en los relatos del yo de la matrix y abrazamos la finitud, la pérdida, el sacrificio y la muerte como un camino más para comprender nuestra misión encarnativa.

Observamos todas esas ordenaciones del yo desde sus limitaciones más básicas, que representan la primera barrera contra la propuesta sustancial de esos arquetipos, pero también indagamos lo que esas limitaciones esconden para evitar una conciencia superior (lo que llamamos “dolor de base”) y, asimismo, los relatos más inteligentes que el yo activa cuando comienza a ser desenmascarado y teme que nazca una predominancia del ser superior interior (a los que denominamos “mecanismo refinado del yo”). Con esa suma poderosa de acercamientos explorativos puede emerger lo que verdaderamente sugieren esos factores celestes, lo que son en otro nivel de conciencia, en el Fractal segundo.

La luz que soy, nuestro primer curso centrado en la exploración y transformación personal, es el camino que seguimos para liberarnos del sufrimiento que el yo nos causa, de la idea desviada que tenemos, con base en las personalidades, del potencial que somos, derivando desde esa conciencia de frecuencia baja en algo nuevo: en el reconocimiento y comprensión de lo que el yo representa como sentido procesal y de revelación pero también en la disposición de predominar en otra conciencia superior (Fractal segundo).

En el Fractal Segundo nos relacionamos con la contemplación y canalización de lo que la información y energía celestes nos proponen a cada uno. Es una dimensión de conciencia de tránsito hacia lo espiritual en la que ya no ambicionamos ni queremos manipular para el yo la información de los arquetipos, nos abrimos a purificar los fundamentos psíquicos que impurificaron las ordenaciones de personalidad y a dar paso a la vibración alta que la conciencia superior implica, para conducirnos así al ser solar y al verdadero conocimiento objetivo. El curso Al alma, con dos años de exploración continuada de las interrelaciones planetarias y su purificación, es en la actualidad la principal concreción de esos trabajos.

En el Fractal Tercero nos abrimos a una conciencia puramente espiritual, vislumbrando los misterios del Cosmos y de la Creación. En este plano no nos afirmamos como seres en la forma, sino que somos conciencia de la luz en la materia que nos hizo de ella vehículo (también de luz) para conocer de sí. Nos inspiramos para su definición en el árbol de la vida de la Cábala, en verdad presente en todas las dimensiones ya descritas. Eso sí, siempre con vocación de ser en la materia y con la conciencia del deseo como motor que mueve el proceso y la transmutación.

Recuérdese que todo es simultáneo y que, por tanto, sería incorrecto hablar de una evolución progresiva o de una “superación” de cada nivel hacia el siguiente. No hay evolución, sino transmutación de la conciencia predominante. En otras palabras, todas las conciencias son simultáneas, aunque a su vez secuenciales y sincrónicas, por asimétrica que parezca la idea. Es decir, nunca desaparece ninguno de los planos o fractales, pero, cuanto más nos adentremos con foco y disposición de transformación, menos fuerza tendrán las frecuencias más bajas y más nos palpitarán y tomarán cuerpo y presencia las de dimensión superior.

La exploración es, por tanto, la base de todo, de ahí que se constituya en el lenguaje de nuestros viajes hacia el esclarecimiento.